El incremento del consumo de alcohol en cenas y eventos sociales, la presión implícita o explícita para “brindar”, la multiplicación de fiestas, los cambios de rutina, los gastos elevados y la soledad de quienes tienen vínculos familiares frágiles se combinan con expectativas irreales de felicidad, generando frustración, estrés y malestar emocional que pueden actuar como potentes desencadenantes de recaída.
En este contexto, una guía práctica para pasar unas navidades sin recaídas resulta especialmente útil para ofrecer herramientas claras y realistas tanto a personas en tratamiento como a sus familias. Desde la perspectiva de la persona en recuperación, es fundamental planificar con antelación qué eventos conviene mantener y cuáles es más seguro evitar, acordar de antemano salidas tempranas, disponer de una “frase preparada” para decir no a las ofertas de consumo y cuidar aspectos básicos como el descanso, la alimentación y la continuidad del contacto con la red terapéutica o grupos de ayuda mutua.
También es recomendable contar con un plan de emergencia frente al craving que incluya llamar a alguien de confianza, abandonar el contexto de riesgo en cuanto aparezcan señales de alarma y utilizar estrategias de regulación emocional previamente practicadas en terapia. Como parte del trabajo preventivo, la guía puede invitar a diseñar nuevas rutinas y tradiciones saludables —paseos, actividades culturales, deporte moderado, voluntariado o reuniones sin alcohol— que permitan resignificar estas fechas y desvincularlas del consumo.
El acompañamiento de familiares y allegados resulta fundamental para que la persona en recuperación pase la navidad de forma segura. Es importante aprender a estar presentes de manera responsable, evitando tanto la sobreprotección como la exposición a situaciones innecesariamente peligrosas.
Conviene no ofrecer alcohol “solo por brindar”, no minimizar el problema con mensajes del tipo “por un día no pasa nada” y procurar que las reuniones no giren casi exclusivamente en torno al consumo de sustancias o al juego.
Las pautas de apoyo pasan por preguntar de forma directa qué necesita la persona, respetar sus límites aunque ello implique modificar planes familiares, validar que la navidad puede ser un periodo difícil y proponer alternativas de ocio más tranquilo.
También es recomendable no facilitar dinero si existe riesgo de que se destine al consumo o a conductas adictivas, y mantener una comunicación abierta para detectar a tiempo cualquier señal de alarma. Anticiparse y pedir ayuda antes de tiempo es un signo de responsabilidad y autocuidado, nunca de fracaso.
Si la persona teme recaer, lleva días fantaseando con el consumo o ya ha tenido un desliz, es clave recordarle que no está sola y que siempre es posible retomar el proceso sin caer en el “todo o nada” ni en la culpa paralizante.
Animar a contactar con el centro, con su terapeuta o con el grupo de apoyo refuerza la idea de que la prevención y la intervención temprana forman parte natural del camino de recuperación.
En última instancia, el mejor regalo de estas fiestas no es algo material, sino proteger la salud, la estabilidad emocional y el proyecto de vida en sobriedad. No es necesario esperar a “tocar fondo” para iniciar un tratamiento o reforzar el apoyo profesional: pedir ayuda a tiempo, especialmente cuando la navidad vuelve las circunstancias más exigentes, es un acto de responsabilidad y cuidado hacia uno mismo y hacia las personas que nos rodean.
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