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TDAH y juego online: un binomio con alto riesgo en adolescentes

El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) es uno de los diagnósticos neuropsiquiátricos más frecuentes en la infancia y la adolescencia, y constituye un importante factor de vulnerabilidad en el desarrollo.

En paralelo, el acceso prácticamente ilimitado a dispositivos electrónicos, videojuegos y plataformas de juego online ha configurado un entorno donde la estimulación constante y la gratificación inmediata están siempre al alcance de un clic. En este contexto, muchos adolescentes con TDAH se encuentran especialmente expuestos al uso problemático de la tecnología, pudiendo derivar en verdaderas adicciones digitales. Este artículo aborda la relación entre TDAH y juego online, los mecanismos que explican este vínculo y las claves para una detección temprana desde un enfoque terapéutico y educativo.

 

¿Por qué el TDAH aumenta el riesgo de adicción digital?

El TDAH se caracteriza, entre otros aspectos, por la impulsividad, la dificultad para demorar la recompensa y los problemas para mantener la atención sostenida en tareas que resultan poco motivantes o repetitivas. Estas características hacen que muchas actividades del día a día (estudio, responsabilidades domésticas, tareas escolares) se perciban como especialmente costosas y frustrantes para estos jóvenes.

Frente a ello, los videojuegos, las redes sociales y las plataformas de juego online ofrecen exactamente lo contrario: estímulos intensos, cambios rápidos de escena, retos constantes y recompensas inmediatas en forma de puntos, niveles, “likes” o logros visibles. Este tipo de refuerzo inmediato encaja a la perfección con el patrón de búsqueda de gratificación propia del TDAH. El resultado es que el adolescente con TDAH no solo se siente más atraído por estos entornos digitales, sino que además experimenta en ellos una sensación de competencia, control y éxito que, a menudo, no encuentra en el contexto académico o social presencial. 

Esta combinación de vulnerabilidad individual (impulsividad, desregulación emocional, baja tolerancia a la frustración) y diseño altamente reforzante de las plataformas digitales convierte al adolescente con TDAH en un candidato especialmente sensible a desarrollar patrones de uso compulsivo, pérdida de control y, en algunos casos, una auténtica dependencia del juego online o de otros usos problemáticos de la tecnología. 

 

¿Qué lo hace tan adictivo?

No todo uso de videojuegos es problemático, pero ciertos elementos del juego online incrementan significativamente su potencial adictivo. Uno de los más relevantes es la estructura de refuerzo variable: el jugador nunca sabe con certeza cuándo obtendrá un premio, un ítem especial o una victoria importante. Esta imprevisibilidad mantiene el nivel de activación y expectativa muy alto, dificultando que la persona “corte” la sesión de juego. 

A esto se suma la dimensión social. Muchos juegos online incorporan sistemas de clasificación, rangos, equipos y comunidades en las que el estatus, el rendimiento y la presencia continua son altamente valorados. Para un adolescente con TDAH, que tal vez viva experiencias de fracaso o rechazo en el ámbito escolar o social cara a cara, el juego online se convierte en un espacio donde puede sentirse competente, reconocido y aceptado. 

Por último, el juego online ofrece una poderosa vía de escape. Permite desconectar de la frustración académica, del conflicto familiar o de la sensación de “no encajar” que acompaña a muchos jóvenes con TDAH. Este papel de refugio emocional, unido a su diseño reforzante, facilita que el juego deje de ser un ocio saludable para convertirse en la principal -o única- estrategia de regulación emocional, abriendo la puerta a un patrón adictivo. 

 

Señales de alerta en adolescentes 

Detectar a tiempo el tránsito entre un uso frecuente y una posible adicción digital es fundamental, especialmente en población con TDAH. Algunas señales que deberían activar la alarma en familias, docentes y profesionales son: 

  • Pérdida progresiva de interés por actividades que antes resultaban gratificantes (deporte, aficiones, amistades presenciales), siendo sustituidas casi por completo por el juego online u otras actividades digitales. 
  • Irritabilidad, cambios bruscos de humor o auténticas “rabietas” cuando no puede jugar, se le limita el tiempo de pantalla o se interrumpe una partida. 
  • Incapacidad para respetar horarios pactados de uno de los dispositivos: el adolescente promete dejarlo, pero alargar “solo unos minutos más” se vuelve la norma, mostrando una clara pérdida de  control. 
  • Descenso en el rendimiento escolar, olvidos constantes de tareas, absentismo o retrasos derivados de noches en vela jugando o conectado. 
  • Aislamiento social creciente: disminución de quedadas presenciales con amigos, ruptura de actividades grupales, comunicación casi exclusivamente online.

Cuando varias de estas señales se mantienen en el tiempo y se asocia a malestar, conflictos familiares o deterioro en el rendimiento, es importante valorar la posibilidad de un problema de adicción digital, más aún si existe un diagnóstico de TDAH.

 

Comorbilidad y riesgo a largo plazo

La relación entre TDAH y adicción digital es bidireccional y compleja. Por un lado, el TDAH aumenta el riesgo de uso problemático de las tecnologías; por otro, la propia adicción digital tiende a agravar los síntomas nucleares del TDAH. El exceso de estímulos rápidos y cambiantes, las largas horas de pantalla y la disminución del sueño contribuyen a una mayor desatención, más impulsividad y una notable desregulación emocional en la vida cotidiana. 

Este círculo vicioso puede tener consecuencias significativas a largo plazo: fracaso escolar, conflictos familiares crónicos, baja autoestima y dificultades en el desarrollo de habilidades sociales reales. Además, el binomio TDAH + juego online problemático puede convertirse en una puerta de entrada a otras formas de adicción, tanto comportamentales (como compras compulsivas, uso patológico de redes sociales o apuestas online) como a sustancias, especialmente si el adolescente busca “compensar” el malestar emocional o la sensación de vació cuando no está conectado. 

Desde una perspectiva clínica, rara vez la adicción digital aparece de manera aislada en estos casos. Es frecuente encontrar comorbilidad con trastornos del estado de ánimo, trastornos de ansiedad, problemas de conducta o consumo incipiente de alcohol y otras drogas. De ahí la importancia de una evaluación integral que tenga en cuenta la historia del TDAH, el funcionamiento familiar y escolar, y el patrón de uso tecnológico. 

La prevención y la intervención eficaz en la adicción digital asociada al TDAH requieren una mirada coordinada entre familia, escuela y profesionales de la salud mental. Dotar a las familias, al profesorado y a los propios adolescentes de herramientas específicas para gestionar el uso de la tecnología es una tarea ineludible. Desde una intervención integral y personalizada, es posible acompañar a estos jóvenes en la construcción de una relación más saludable con el entorno digital, favoreciendo su desarrollo madurativo y su bienestar a largo plazo. 

"Nuestra práctica está impregnada de la filosofía que representa nuestro nombre. Alpha” representa un comienzo: el inicio de una vida consciente y libre. Hace más de veinte años convertí ese principio en una forma de trabajar y de vivir. Acompaño a personas que buscan salir de la adicción y recuperar su equilibrio, sus valores y su sentido vital. En Metta Alpha creemos en las segundas oportunidades, en la capacidad de cambio y en el poder de un tratamiento que combina rigor profesional, compromiso y humanidad."
Antonio Magán Clarés
Director de Metta Alpha
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