Parecen sinónimos de salud, autocuidado y crecimiento personal. Pero, cuando miramos de cerca, aparece una pregunta incómoda:
¿Siempre hablamos de bienestar… o a veces simplemente hemos cambiado de forma de evadirnos?
Las propuestas de “vida saludable” se multiplican:
Muchas de estas prácticas pueden ser realmente útiles: ayudan a conectar con el cuerpo, mejorar el descanso, regular la ansiedad o cambiar hábitos dañinos. El problema no está tanto en la práctica en sí, sino en desde dónde la hacemos.
Cuando el bienestar se convierte en:
Dejamos de hablar de autocuidado y empezamos a hablar de control y perfeccionismo con otro envoltorio.
Hay personas que pasan de una vida marcada por el exceso (sustancias, trabajo, pantallas, comida…) a una vida marcada por el “bienestar perfecto”. Cambia la forma, pero no la lógica interna:
En estos casos, el “wellness” funciona como una nueva forma de evasión:
Hago cosas “sanas”, sí, pero no para cuidarme, sino para no mirar lo que me duele.
No se trata de demonizar nada, sino de preguntarse para qué lo hago y cómo me afecta.
El ayuno puede tener beneficios físicos en algunos contextos, pero también puede convertirse en:
Cuando el hambre y la culpa ocupan demasiado espacio mental, el ayuno deja de ser una herramienta y se convierte en una trampa.
La meditación puede ayudar a regular la mente y las emociones. Pero cuando se vive como:
Puede alejarnos del propio cuerpo y generar frustración: “no sé meditar”, “lo hago mal”, “no soy suficientemente espiritual”. Si además se utiliza para evitar decisiones o conflictos, se transforma en silencio forzado, no en presencia.
Reducir pantallas y estímulos rápidos es sano. El riesgo aparece cuando se plantea como:
Ahí podemos caer en un ciclo conocido: hipercontrol → ruptura → culpa → aún más hipercontrol. La misma dinámica que muchas personas ya han vivido con otras conductas adictivas.
Algunos criterios que ayudan a distinguir entre cuidado y compulsión:
El bienestar real…
El bienestar compulsivo…
Cuando lo “saludable” empieza a parecerse a una cárcel, es una señal de que algo se ha desviado.
El reto no es acumular prácticas supuestamente sanas, sino transformar la relación con uno mismo. Algunas claves:
La moda del “wellness” puede abrir puertas valiosas: más conversación sobre salud mental, hábitos, cuerpo y emociones. Pero también puede esconder nuevas formas de exigencia y evasión, especialmente en personas con tendencia a la compulsión o con historia de adicciones.
Una pregunta que puede servir como brújula es: Lo que estoy haciendo, ¿me ayuda a estar más presente en mi vida, en mis relaciones y en mi cuerpo… o solo hace que me escape de otra manera, aunque ahora tenga mejor imagen?
Cuando la respuesta se acerca a la presencia, a la flexibilidad y a la capacidad de estar contigo incluso cuando no estás “perfecto”, es más probable que estés construyendo un bienestar que cuida, y no una nueva forma de huida.
C/ Teruel 5-C. 28411, Moralzarzal
Diseño y desarrollo: Lacasti Estudio